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Lo admito: durante mucha parte de mi vida he sido una persona rencorosa. Me costaba mucho perdonar, podría decir incluso que no sabía cómo perdonar en serio.

Es posible que a vos te suceda lo mismo, hace tiempo estás pensando en perdonar a alguien pero no sabés cómo hacerlo. Lo sabés muy bien, perdonar no es solo “decir perdón”, eso no te deja tranquilo. Hay algo más, necesario para poder perdonar de corazón (o de persona integral, según mi concepción).

Acá te enseñaré ese “algo más”, paso a paso. Te lo advierto: no es nada fácil, no lo conseguirás de un día para otro, pero siguiendo estas pautas estarás mucho más cerca del perdón auténtico.

Baja y sigue leyendo para descubrir cómo perdonar.

¿Qué sentís respecto al perdonar (o perdonarte)?

Con esta pregunta deseo empezar a desgranar la cuestión. Si no conocés tus sentimientos respecto a perdonar, ni siquiera te molestés en buscar cómo perdonar a alguien.

Como te comenté anteriormente en el post de las psicologías, existe una psicología muy indicada para responder esta pregunta: la psicología introspectiva. Utilizaremos algunas de sus técnicas para poder indagar un poco en tu vivencia sobre el perdón y poder darle una mejor cabida en tu vida.

Si tenés buena memoria, recordarás que el foco de la psicología introspectiva es identificar tus pensamientos y emociones ACTUALES. No me importa ahora que me digas “quiero aprender cómo perdonar porque siempre fui rencoroso”. Eso guárdatelo más adelante, ya lo usaremos. Ahora quiero que te enfoques en tus pensamientos y emociones vivenciados.

Imaginate la situación: tenés delante tuyo a la persona que ha fallado tu confianza, te ha decepcionado, te falló o te lastimó. La ves, ella te mira, cruzan miradas. Ahora pensá en que tenés que perdonarla y respondé….

Tus emociones

¿Cuáles son tus emociones? ¿Qué sentís cuando pensás en perdonarla? ¿Te gusta la idea? ¿Te viene cierta ira? ¿La tristeza te invade? ¿Te da asco ver a la persona delante tuyo?

Por favor, tomate varios minutos (cuantos necesites) para sentir, sin juzgar. No pienses si tus deseos están bien o mal, no importa si de este ejercicio salen ganas de matar a la persona, por más raro que suene eso te va a ayudar.

Una vez tengas identificadas las emociones, trabajaremos sobre ellas. Siempre desde el principio que ninguna emoción es negativa, sino mal gestionada. Las emociones nos marcan un impulso, llevan un mensaje e impulsan acciones, por eso debés ser consciente de ellas y aprender a gestionarlas. Una emoción desbordada te llevará a realizar actos irracionales de los cuales te arrepentirás luego.

Gestionando las emociones

Si notás una ira descontrolada, deberías respirar hondo, relajar todos los músculos de tu cuerpo, escucha tu respiración. ¿La notás agitada? Hacela disminuir, poco a poco, respirando profundo, en forma controlada. Por favor, no intentés suprimir la ira, solo alivianala a una ligera molestia.

Mientras se hace más tenue, seguí imaginándote la situación. ¿Qué fue lo que te molestó? ¿Un gesto? ¿Un acto? ¿Qué fue lo que más te molestó? ¿Cómo te sentiste en el momento? ¿Cómo te sentís ahora? Lo más importante: ¿De verdad eso que sentís es ira?

Muy posiblemente la ira oculte en el fondo un sentimiento grande de tristeza. Cuando algo nos molesta, por lo general hay una sensación de que “nos tocaron donde no debían”. Quizás te engañó tu pareja y te sentiste menospreciada. ¿Por qué se iría con otra, si vos le das un montón de amor? Algo en tu esquema de realidad no termina de cerrar, esa burbuja de felicidad explota y entra el dolor.

Por lo general, una manera de tapar el dolor y la tristeza es por medio de la ira. Pero si seguís odiando a la otra persona solo alimentarás a la ira, en un constante círculo vicioso, mientras el sentimiento fuente, el origen de todo esto, será desatendido. Cuanto más lo desatiendas, peor te sentirás, mayores serán tus ganas de vengarte o de no perdonar.

No caigas en eso. Identifica de verdad cuál es la emoción semilla: aquella de donde derivan las demás. Siempre hay alguna, junto con varios pensamientos…

Tus pensamientos

Si la emoción predominante  es la rabia, es muy probable que te hayas sentido ofendido por la acción que realizó (como engañarte). En este momento tu mente puede desviarse hacia ideas de venganza, hacerle la vida imposible, engañarlo vos también, dejarlo en ridículo en las redes sociales con alguna foto suya indecente o (en el peor de los casos) daños físicos.

Es muy importante que con el ejercicio anterior no solo te fijes en tus emociones, ahora te pido un paso más allá: escuchate a vos mismo.

Las emociones rara vez vienen solas, por lo general son acompañadas de pensamientos.

Las emociones generan estos pensamientos acompañando el tono de las mismas. Si te sentís furioso por un engaño posiblemente pensés “¿cómo se atreve a engañarme después de todo lo que hice por él (o ella)? Es un hijo de puta. Un maldito desagradecido. ¡Y encima jamás se unió a Kaizen-Dao!“.

El círculo vicioso

Lo interesante es cómo estos pensamientos hacen aumentar más la rabia.

Poco a poco pasás a “lo debí haber sabido, nunca debí confiar”, el ataque se vuelve más y más personal. Ya no estás atacando la acción (el engaño, la traición de un amigo, etc) sino a la persona.

Cuando llegás a este punto, estás tan alterado que no pensás en otra cosa más que en pensamientos enfurecidos contra la persona.

Los pensamientos generan un auténtico círculo vicioso con las emociones.

Por eso es tan importante ser consciente de tus pensamientos respecto a aprender cómo perdonar.

¿Qué pensás cuando pensás en perdonar? ¿Qué pensamientos acompañan a tus emociones? ¿Pensás en venganza? ¿Te asusta la posibilidad de volver a ser traicionado? ¿Tenés miedo de ser lastimado otra vez?

Enfocate bien en estos pensamientos, porque si no sos consciente de ellos jamás conseguirás perdonar en serio.

Podrás decir “te perdono”, pero si en tu mente sigue rondando la rabia o seguís pensando que esa persona volverá a lastimarte, nunca habrás perdonado.

Para eso, deberás conocer tu pasado, más concretamente…

¿Por qué perdonar?

cómo perdonar y perdonarte -1

En Kaizen-Dao adoramos pocas cosas, entre ellas el kaizen, el dao y el porqué. Siempre los traemos a esa escena porque son nuestros pilares fundamentales. Para este punto en particular me centraré en el último: tu porqué.

¿Por qué querés saber cómo perdonar? Mejor dicho, ¿por qué querés perdonar?

Si esa persona te ofendió, te lastimó, te hirió, rompió la imagen ideal que tenías de ella. ¿Por qué te molestás en querer perdonarla? ¿Por qué además querés perdonarla de corazón? ¿Por qué no simplemente te quedás rencoroso para toda tu vida?

Ah… algo de eso no te cierra.

No te gusta la idea de odiar a alguien para siempre, o siquiera de odiar a alguien. Si querés ser una gran persona, debés aprender a perdonar, es una de las habilidades básicas para el crecimiento personal.

Muy bien, si estas fueron tus respuestas, o algo aproximado, te felicito, al menos tenés una razón medianamente consciente.

Las dos partes internas en lucha

Como te conté en varias ocasiones, el porqué se ubica en el pasado. Hay algo tuyo, una experiencia, una idea, un sentimiento, un pensamiento o alguna otra cosa que te está empujando a desear aprender cómo perdonar. Y esto es muy valioso, quiere decir que hay una parte tuya que a pesar de estar enojada y triste con esa persona, la sigue apreciando.

Me lo niegues o no, todos los recuerdos, emociones y experiencias con las personas quedan almacenadas en un rinconcito de nuestra mente.

Toda esa energía, en situaciones tan intensas como estas brotan y se produce en tu interior una auténtica lucha campal. Por un lado querés perdonar, por el otro te da rabia hacerlo, o te da miedo o tristeza.

Así no veas nunca más a esa persona, los sentimientos y los recuerdos permanecen.

Estos son el motivo, tu porqué de perdonar. Tal vez querés perdonar para poder volver a estar con esa persona, o para poder sentirte liberada y no encontrar tus recuerdos manchados con esa gota negra de experiencia negativa.

Sin embargo, algo oscuro aparece, te dije que son dos bandos luchando: tu deseo de perdonar y tu deseo de no perdonar. La alegría de los buenos momentos contra la rabia y la tristeza de una traición.

Ya vimos de dónde viene tu deseo de perdonar (al menos en parte, el porqué más profundo te lo dejo de deberes). Ahora veamos el porqué del otro bando.

¿De dónde viene tu rencor?

cómo perdonar y perdonarte -2

¿Tu rencor, ira, deseos de venganza vienen solos? Si no nacen por sí mismos, ¿de dónde surgen?

Ya te lo adelanté pero me gustaría hacer un pequeño énfasis en esto: por más que creas estar odiando a la otra persona, o enfurecido con ella, no es enojo en realidad. Es tristeza, decepción, frustración.

En la mayoría de los casos, la rabia viene precedida por tristeza, decepción o frustración.

Por tanto, necesitás identificar qué es lo que más te enoja de la situación. Si seguís la cadena asociativa llegarás al origen real: la tristeza, qué te dolió y, más importante PORQUÉ te dolió. Te daré un ejemplo a continuación para verlo en forma más clara:

¿Estás enojado con tu amigo porque le prestaste 50 dólares y no te los devolvió? Perfecto. Ahora pregúntate, ¿son los 50 dólares el motivo de tu enojo? No, es la actitud de tu amigo, eso no te gustó. Tal vez lo creías de confianza y te sentís traicionado. Llegamos a otra conclusión: tu enojo viene de lo que sentís como una traición.

¿Qué implica esta traición para vos? Quizás ahora no sabés si podés o no confiar en esa persona, si no te mintió en otras cosas… si en verdad te ve como un amigo.

Ouch, algo duele, ¿verdad?

Felicitaciones, llegaste al punto de dolor, a tu porqué te cuesta tanto perdonarlo.  Ahora te toca trabajarlo, tranquilo, más adelante te daré una serie de consejos para esto. Mientras tanto, tal vez te ayude tener claro para qué querés aprender cómo perdonar.

¿Para qué perdonar?

Si el porqué nos marca nuestro pasado y nos motiva para realizar acciones, el para qué nos direcciona hacia el futuro.

Es necesario que sepas no solo porqué querés perdonar, sino para qué. ¿Cuál es la función de perdonar en tu vida? ¿Cómo te ves a ti mismo si perdonás a esa persona?

Acá no me valen las respuestas del tipo “si perdono a Alejandro, se va a sentir mejor y seremos amigos”. Puede ser una visión idílica del futuro, pero necesito TU visión de TU futuro, porque hay un solo beneficiado al perdonar.

El verdadero beneficiado por tu perdón

Por mucho que intentés ocultarlo, lo sabés:

El único beneficiado de perdonar sos vos.

Pongamos de ejemplo a una pareja la cual te engañó hace un tiempo, ¿pensás que está llorando en las noches deseando verte llegar a su puerta para decirle “te perdono”?

No.

Así con todos. En muchos casos las personas a las cuales les guardamos rencor y decidimos no perdonar ni siquiera están cerca de nuestra vida.

Por eso te lo remarco: solo vos te beneficiás de perdonar. Perdonar no implica ir a la puerta de su casa, tocarle el timbre y decir “che, te perdono”. No, eso es algo hasta indeseable para la otra persona (quizás hasta llame a un psiquiatra, y nadie quiere ver a un psiquiatra).

Con perdonar hago referencia a dejar esos sentimientos de rencor, rabia e ira. Dejar irse lejos esos pensamientos negativos de venganza o tristeza.

Perdonar implica demostrarte que sos capaz de aceptar que las personas pueden cometer errores, y que vos mismo sos una persona que los puede cometer.

Cuando no perdonás, al único al cual le estás haciendo daño es a vos mismo.

Dejar el mundo mejor

¿Otro beneficio o función del perdón?

Está bien, seamos un poco menos egoístas, pensemos en el otro y en el mundo.

Si perdonás a esa persona (y esa persona es cercana a vos), le estarás enseñando que sos capaz de perdonar. Realizaste una acción valiente, en el mejor de los casos puede sentirse inspirada por tu acción y ella también pueda perdonar más fácilmente. Esto puede replicarse varias veces, en una cadena de perdón, generando un cambio en el mundo.

¿Te parece demasiado volado? Está bien, pensemos solo en la persona perdonada.

Estará feliz y conocerá ahora mejor qué cosas te lastiman e intentará evitarlas. Ella misma se habrá convertido en una mejor persona, estando un poco más atenta a las emociones y pensamientos de los demás.

¿Y cómo me perdono a mí mismo?

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A veces hacemos cosas de las cual nos arrepentimos.

Dañamos a alguien seriamente, alguien muy querido, o desaprovechamos una oportunidad única en la vida, o no nos comportamos como querríamos en una situación.

En estos casos es normal martirizarse y autoflagelarte de forma tan brutal que ni tus enemigos lo harían.

Por supuesto, tu pregunta ahora será

“Si soy yo mismo, ¿cómo me perdono?”.

Por lo general, el proceso es casi el mismo que lo comentado en puntos anteriores, pero con ciertas particularidades. Necesitaré meter un concepto de psicoanálisis bastante útil para esta situación: el Yo y el SuperYo.

Dos hermanos peleados

En forma muy esquemática, según Freud, nuestra mente podría dividirse en tres “secciones” o instancias psíquicas: Yo, Superyo y Ello. Ahora nos interesan los dos primeros.

El yo es nuestro lado más “racional”. En el yo se genera la conciencia, esa consciencia de estar vivos, de poder pensar, planificar nuestras acciones, sentir las emociones, etc.

El Superyo, por otra parte, es una instancia que contiene todos los contenidos sobre lo que es “correcto e incorrecto”, aprendidos a lo largo de nuestra vida. Lleva dentro suyo todas las normas morales y permanentemente está juzgando las acciones del Yo.

Si te sirve para hacértelo bien gráfico, imaginate al Yo como un profesor dando clases y el Superyo como un inspector que llega un día cualquiera y anota en el papel todos los errores para después criticarlo.

La diferencia es que el Superyo siempre está juzgando las acciones del Yo. Si realiza algo poco acorde con las normas y valores internos, ¡pum! ¡cachetada!

Esa cachetada viene en forma del conocido “conflicto moral”. Es decir, un repudio hacia uno mismo acompañado de pensamientos al estilo:

“No sirvo para nada, ¿cómo voy a cometer este error”.

“Nunca debí invertir mis ahorros en acciones de Mc Donald’s”.

“¿Por qué no me uní a Kaizen-Dao? Podría haber cambiado al mundo”.

Aprendamos ahora cómo solucionar este conflicto interno.

Toma perspectiva

Analicemos tu “error” con objetividad. Para eso, deberás tratarte a vos mismo como una persona ajena. Te recomiendo elegir a alguien muy querido: tu mejor amigo, tu madre o mejor aún, tu perrito de la infancia.

Si tu mejor amigo hubiera cometido esa acción, ¿le dirías que se golpee con un látigo hasta desmayarse por la pérdida de sangre? Espero que tu respuesta sea un “no” rotundo (por favor, confirmamelo en los comentarios).

Uno no le anda diciendo a su amigo todo el rato, día tras día lo estúpido que es por haber realizado una acción. Serías un amigo muy malo, vos mismo te sentirías mal al hacerlo sentir mal por pura empatía. Pues bien, tu amigo sos vos, tenete un poco de empatía.

Reflexioná: ¿por qué cometiste ese error? ¿en el momento lo sentías justificado? ¿fue un impulso? ¿por qué te sedujo el impulso? Cuanto más conocés las razones de tus actitudes, tu porqué y tu para qué, menos te martirizarás porque te entenderás mejor.

Para esto también ayuda ser consciente de ¿Qué tan grave es tu acción? No si la sentís imperdonable, sino objetivamente, ¿es grave? Si lo hiciera tu amigo, ¿dejarías de ser su amigo? Si lo hiciera tu perrito, ¿lo dejarías abandonado en la calle?

Conforme vayas creciendo como persona entenderás como pocas cosas son tan graves como pensamos. La mayoría de las veces tendemos a sobredramatizar.

Visualiza el aprendizaje

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Una vez conseguido el primer paso, el segundo es mucho más sencillo: aprender.

Aprende de la experiencia. Ninguna herida, lastimadura o error viene solo. Sí, es acompañada por el dolor, pero el dolor es un gran maestro. Cuando algo te duele, queda grabado a fuego en tu mente, eso debés aprovecharlo a tu favor para crecer.

Por eso pregúntate: ¿Qué aprendizaje podés rescatar de tu error? ¿Qué te aportó haber realizado esa acción?

Tal vez la próxima vez deberás intentar controlar tus emociones antes de hablar con tu padre, sino acabarás desbordado y gritándole. O quizás debas estudiar más antes de presentarte a dar un examen para evitar perderlo. Da igual, sea cual sea la situación siempre podrás extraer un aprendizaje.

Lo cual nos lleva al siguiente punto…

Agradecete por tus errores

Sí, no te lo digo en joda.

Agradece tus errores, agradece los errores de los demás, agradece las heridas, los dolores, la tristeza, el sufrimiento.

Todas esas cosas te hacen crecer, mejorar como persona y emprender tu camino en el crecimiento personal e integral. Es más, te diré una frase de mi maestro y amigo Mario Luna:

Deja de ver a los errores como errores y comiénzalos a llamarlos por su verdadero nombre: maestro.

Tatuatelo a fuego.

Si ves a los errores como profesores, es imposible volver a autoflagelarte. Estarás triste cuando cometas alguno, sí, pero con el paso del tiempo podrás sonreír al recordarlo y decir “hoy no sería el mismo si no hubiera hecho eso”.

Plan de acción para perdonar

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Siguiendo los puntos anteriores, te será mucho más fácil perdonar o aprender cómo perdonar.

De igual manera, para dejártelo más fácil, te daré una serie de puntos resumiendo lo anterior para aplicar ya mismo.

  1. Identificá tus emociones y pensamientos. No te quedes con lo superficial, detectá si no hay emociones o pensamientos ocultos tras los más “obvios”.
  2. Detectá porqué sentís y pensás eso. ¿Por qué te molestó/dolió eso? Lo mismo, intentá dar razones profundas, por lo general no será la primera respuesta que se te venga en mente.
  3. Detectá cuál es la importante función de perdonar. Hacerlo por vos. Eso es lo importante, no lo hacés por nadie más.
  4. Relativizá. ¿En verdad fue tan grave lo sucedido? ¿No será la ira del momento lo que te hace sentirlo tan malo?
  5. Ponete en los zapatos de la otra persona. ¿Estás seguro de que lo que hizo o dijo fue tal cual? Tal vez no fue su intención, o vos interpretaste otra cosa de sus actitudes o palabras. Los malentendidos existen, arreglalos.
  6. Pensá en ayudar a tu crecimiento como persona y en ayudar al mundo.

Esto es todo por ahora.

Si el post te ayudó por favor: ¡COMPARTILO! Facebook, Twitter, Instagram, paloma mensajera. Da igual, que todo el mundo aprenda cómo perdonar y perdonarse.

Ahora me gustaría leerte a vos:

¿Te cuesta perdonar? ¿Sos una persona que se considera rencorosa? ¿Sos más severo contigo mismo o con los demás?

Háblame en los comentarios, ¡los respondo a todos!

Te recuerdo que si estás en el grupo de Facebook exclusivo, podrás tener contacto más directo y fluido conmigo y Candido.

Nada más, ¡un fuerte abrazo!

 

 

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